Mostrando las entradas con la etiqueta cambios. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta cambios. Mostrar todas las entradas

martes, 21 de marzo de 2017

¿Aceptará usted el mayor regalo de Dios?

Adultos y niños de diversas razas en el Paraíso

Un regalo sin igual


EL SACAPUNTAS con forma de barco que Jordan tiene en la mano no parece gran cosa. Sin embargo, es una de sus posesiones más preciadas. Él cuenta: “Me lo regaló Russell, un viejo amigo de la familia, cuando yo era niño”. Tras la muerte de Russell, Jordan se enteró de lo importante que había sido aquel amigo en la vida de su abuelo y de sus padres, y de cuánto los había ayudado en momentos difíciles. “Ahora que conozco más detalles de él, su pequeño regalo tiene más valor que nunca”, dice Jordan.
Esta experiencia ilustra que un regalo que quizás para alguien tenga poco o ningún valor, para una persona agradecida puede llegar a ser muy valioso, algo único. En la Biblia se menciona un regalo de valor incalculable con estas conocidas palabras: “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16).
¡Un regalo que puede dar vida eterna a quien lo recibe! ¿Podría haber un obsequio más valioso? Aunque algunas personas no lo consideren así, para los cristianos verdaderos es “precioso”, de mucho valor (Salmo 49:8; 1 Pedro 1:18, 19). Pero ¿por qué ofreció Dios la vida de su Hijo como regalo para la humanidad?
El apóstol Pablo lo explica así: “Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y la muerte mediante el pecado, y así la muerte se extendió a todos los hombres” (Romanos 5:12). El primer hombre, Adán, pecó al desobedecer a Dios a propósito y por eso fue castigado con la pena de muerte. Por culpa de Adán, su descendencia —toda la humanidad— heredó la muerte.
 “El salario que el pecado paga es muerte, pero el don que Dios da es vida eterna por Cristo Jesús nuestro Señor” (Romanos 6:23). A fin de rescatar al ser humano de la condena a muerte, Dios envió a la Tierra a su Hijo, Jesucristo, para que sacrificara su vida humana perfecta por toda la humanidad. Gracias a ese sacrificio, conocido como “el rescate”, quienes pongan fe en Jesús tendrán vida eterna (Romanos 3:24).
Al hablar de las bendiciones que Dios da mediante Jesucristo a quienes le sirven, el apóstol Pablo dijo: “A Dios vayan las gracias por su indescriptible dádiva gratuita” (2 Corintios 9:15). En efecto, el rescate es un regalo tan extraordinario que no hay palabras para describirlo. Pero de entre todos los generosos regalos que Dios nos ha dado, ¿por qué es el rescate el más sobresaliente? ¿Qué lo hace diferente de cualquier otro regalo que Dios nos haya hecho? * ¿Y cómo deberíamos responder nosotros? Los siguientes dos artículos contestarán estas preguntas.

martes, 19 de julio de 2016

Cómo adaptarse a los cambios

EL PROBLEMA

  • Por el trabajo de tu padre, tu familia debe mudarse lejos.
  • Tu mejor amiga se va a vivir a otra ciudad.
  • Tu hermano mayor se va a casar y se marcha.
¿Te adaptarías con facilidad a estos cambios?
Un árbol que se dobla por el viento
Los árboles que se doblan con el viento aguantan mejor las tormentas. Del mismo modo, tú puedes “doblarte” cuando llegan cambios sobre los que tienes poco o ningún control. Pero antes de ver cómo hacerlo, analicemos algunas cosas que debes saber sobre los cambios.

LO QUE DEBES SABER

Los cambios son inevitables. La Biblia reconoce una verdad fundamental sobre los seres humanos: “El tiempo y el suceso imprevisto les acaecen a todos” (Eclesiastés 9:11). Tarde o temprano, comprobarás lo ciertas que son estas palabras. Por supuesto, no todo lo inesperado es malo. Algunos cambios que al principio parecenmalos podrían acabar siendo buenos. Aun así, la mayoría de las personas se sienten cómodas con su rutina, con lo que conocen; mientras que los cambios, sean buenos o no, les causan ansiedad.
Para los adolescentes es especialmente difícil. ¿Por qué? “Ya estás experimentando cambios internos —comenta un joven llamado Alex—. * Los cambios externos no hacen más que aumentar el estrés”.
Otra razón es que, al enfrentarse a un cambio, los adultos ya cuentan con un “libro” lleno de experiencias que pueden consultar para ver qué hicieron en situaciones parecidas. Sin embargo, los jóvenes apenas tienen unas pocas páginas escritas.
Es posible adaptarse. La resiliencia es la capacidad para adaptarse a los cambios y superar las adversidades. Una persona con esta cualidad no solo aguanta las nuevas circunstancias, sino que también ve cómo sacar partido de las dificultades. Por esa razón, es menos probable que los jóvenes resilientes caigan en las drogas o el alcohol cuando se sienten abrumados.

 LO QUE PUEDES HACER

Acepta la realidad. Seguro que te gustaría tener el control de tu vida, pero eso es sencillamente imposible. Tus amigos se irán lejos o se casarán; tus hermanos crecerán y se marcharán de casa, o tu familia se mudará y tendrás que dejar atrás a tus amigos y todo lo que conoces. Es mejor aceptar la realidad que permitir que tus pensamientos negativos te abrumen (texto bíblico clave: Eclesiastés 7:10).
Mira al futuro. Pensar todo el tiempo en el pasado es como conducir por una autopista sin dejar de mirar al espejo retrovisor. Echar un vistazo atrás es bueno, pero debes concentrarte en la carretera, en lo que tienes delante de ti. Lo mismo ocurre cuando te enfrentas a los cambios. Intenta concentrarte en el futuro (Proverbios 4:25). Por ejemplo, ¿qué objetivo podrías ponerte para el próximo mes o para los próximos seis meses?
Concéntrate en lo positivo. “La resiliencia tiene que ver con la actitud —afirma una joven llamada Laura—. Búscale el lado bueno a tu situación actual”. ¿Puedes mencionar algo positivo de tus nuevas circunstancias? (texto bíblico clave: Eclesiastés 6:9).
Una mujer joven llamada Victoria recuerda que durante su adolescencia todos sus amigos se mudaron lejos. “Me sentía muy sola. Quería que las cosas fueran como antes —comenta—. Pero al mirar al pasado, siento que fue justo entonces cuando empecé a madurar. Me di cuenta de que crecer es cambiar y de que estaba rodeada de personas que podían llegar a ser mis amigos” (texto bíblico clave: Proverbios 27:10).
Pensar todo el tiempo en el pasado es como conducir por una autopista sin dejar de mirar al espejo retrovisor
Haz cosas por los demás. La Biblia nos dice cómo lograrlo: “No vigilando con interés personal solo sus propios asuntos, sino también con interés personal los de los demás” (Filipenses 2:4). Un buen antídoto contra nuestros propios desafíos es ayudar a los demás con los suyos. Anna, de 17 años, dice: “Al crecer, me di cuenta de que me sentía mucho mejor cuando ayudaba a alguien que estaba pasando por una situación igual o peor que la mía”.