miércoles, 20 de abril de 2016

Consuelo ante la muerte

Una mujer llorando la muerte de alguien

“No llores, cariño... Dios sabe qué es lo mejor”.
Esas palabras le fueron susurradas al oído de una mujer llamada Bebe en el funeral de su padre, quien murió en un accidente de tráfico.
El comentario se lo hizo con buena intención una amiga de la familia. Pero como Bebe estaba muy apegada a su padre, aquellas palabras, en lugar de aliviarla, la lastimaron más. “¿Cómo va a ser lo mejor?”, se preguntaba una y otra vez. Años más tarde incluyó esa anécdota en un libro, lo que indica que todavía sufría la pérdida.
Su historia demuestra que puede pasar mucho tiempo hasta que se supera este dolor, especialmente si la persona que falleció era alguien muy cercano. No sorprende que la Biblia diga que la muerte es “el último enemigo” (1 Corintios 15:26). Irrumpe en nuestras vidas con una fuerza arrolladora, a menudo sin previo aviso, arrancando de nuestro lado a quienes más amamos. Nadie se escapa de sus garras. Por eso, es normal que no sepamos cómo actuar ante la muerte y sus estragos.
Tal vez se haya preguntado: “¿Cuánto tiempo se necesita para superar el duelo? ¿Qué se puede hacer para soportarlo? ¿Cómo podemos ayudar a quien está pasando por este dolor? ¿Existe alguna esperanza para nuestros seres queridos que han muerto?”.

¿Está mal llorar?

¿Ha estado enfermo alguna vez? Quizás se recuperó tan rápido que prácticamente lo ha olvidado. En cambio, el duelo es diferente. El doctor Alan Wolfelt, en su libro Healing a Spouse’s Grieving Heart(Consuelo tras la muerte del cónyuge), explica: “El dolor por la muerte no se supera. [...] Pero con el paso del tiempo y el apoyo de otras personas, el dolor irá disminuyendo”.
Veamos como ejemplo la reacción del patriarca Abrahán ante la muerte de su esposa Sara. La Biblia dice que Abrahán estuvo de duelo y lloró amargamente, lo que indica que superar aquella pérdida le tomó algún tiempo. * Otro ejemplo es Jacob, a quien le hicieron creer que un animal salvaje había devorado a su hijo José. Estuvo de duelo por “muchos días” y ni su familia podía consolarlo. Años después seguía angustiado por la muerte de José (Génesis 23:2;37:34, 35; 42:36; 45:28).
Abrahán llora junto al cuerpo de Sara
Abrahán lloró amargamente la pérdida de Sara.
Lo mismo les ocurre hoy día a muchas personas que sufren la pérdida de un familiar o de un amigo. Piense en los siguientes relatos.
  • “Mi esposo, Robert, murió en un accidente el 9 de julio de 2008. Aquella mañana fue igual a cualquier otra. Y como todos los días, después de desayunar nos despedimos con un beso, un abrazo y un ‘te quiero’. Ya han pasado más de seis años, y todavía me duele la muerte de Rob. No sé si algún día lo superaré” (Gail, de 60 años).
  • “Aunque ya hace dieciocho años que perdí a mi querida esposa, todavía la extraño y me duele no tenerla a mi lado. Cuando veo algo hermoso en la naturaleza, me acuerdo de ella, y no puedo evitar pensar cómo disfrutaría de verlo” (Etienne, de 84 años).
Es normal que el dolor por la muerte de alguien dure bastante tiempo. Cada persona vive el duelo de manera diferente. Por eso no sería prudente juzgar la reacción de los demás ante una tragedia. Tampoco deberíamos contener nuestras emociones pensando que son exageradas. Ahora bien, ¿hay algo que pueda ayudarnos a seguir adelante?

Cómo sobrellevar el duelo

Hay muchos consejos sobre este tema, sin embargo, no todos funcionan. Por ejemplo, tal vez algunos le aconsejen que no llore y que no exprese sus sentimientos, mientras que otros insistirán en que dé rienda suelta a sus emociones. Ahora bien, el enfoque que presenta la Biblia es más equilibrado y cuenta con el respaldo de estudios modernos.
En algunas culturas se ve mal que los hombres lloren. Pero ¿hay que avergonzarse de llorar en público? Algunos especialistas en salud mental reconocen que llorar forma parte del duelo. Por eso, pasar por todas las fases del duelo contribuye a sobrellevar la pérdida. Sin embargo, reprimir el dolor le puede hacer más daño que bien. La Biblia no dice en ningún pasaje que llorar esté mal o que los hombres no deban hacerlo. Piense en Jesús. Cuando su buen amigo Lázaro murió, no le dio vergüenza llorar en público, aunque tenía el poder de resucitar a los muertos (Juan 11:33-35).
A menudo, el dolor se manifiesta con ataques de ira, especialmente si se trata de una muerte repentina. Una persona puede sentirse furiosa por diferentes razones, como, por ejemplo, cuando alguien a quien respeta le hace comentarios desconsiderados o inoportunos. “Solo tenía 14 años cuando murió mi padre —comenta Mike, de Sudáfrica—. En el funeral, el pastor anglicano dijo que Dios necesita a los buenos en el cielo y que por eso se los lleva. * Aquel comentario me enfureció, pues nosotros necesitábamos muchísimo a mi padre. Aunque ya han pasado más de sesenta años, esas palabras aún me duelen”.
¿Y cuando hay sentimientos de culpa? En el caso de una muerte inesperada, el doliente pudiera pensar: “Si yo hubiera hecho esto o aquello, no habría muerto”. O quizás se sienta aún más culpable porque la última vez que hablaron tuvieron una discusión.
Si lo atormentan los sentimientos de culpa y de rabia, no trate de reprimirlos. Desahóguese con un amigo que lo escuche y que le ayude a entender que estos sentimientos son normales entre quienes pierden a un ser amado. La Biblia nos recuerda: “Un compañero verdadero ama en todo tiempo, y es un hermano nacido para cuando hay angustia” (Proverbios 17:17).
El mejor amigo en esos momentos es nuestro Creador, Jehová. Ábrale su corazón de par en par porque “él se interesa” por usted (1 Pedro 5:7). Si así lo hace, verá cómo se siente más calmado, gracias a “la paz de Dios que supera a todo pensamiento” (Filipenses 4:6, 7). Además, deje que Dios lo consuele mediante su Palabra, la Biblia. Le puede ser útil hacer una lista con versículos que lo fortalezcan y memorizar unos cuantos (mire  el recuadro). Meditar en esas  ideas puede ayudarle especialmente por la noche, cuando esté solo y no pueda dormir (Isaías 57:15).
Recientemente, un hombre de 40 años, a quien llamaremos Jack, perdió a su esposa víctima del cáncer. A veces se siente terriblemente solo, pero la oración le ha ayudado mucho. “Cuando hablo con Jehová, no me siento solo —reconoce—. A menudo me despierto por la noche y no me puedo volver a dormir. Después de leer una porción de la Biblia y reflexionar en ella, y de contarle a Dios mis sentimientos, me tranquilizo. Finalmente, consigo que mi mente y corazón estén en paz, y logro dormirme”.
Una joven llamada Vanessa, que perdió a su madre por causa de una enfermedad, también ha sentido la ayuda de la oración. “En los peores momentos —comenta—, lloraba sin parar y repetía el nombre de Dios. Jehová oyó mis ruegos y siempre me ayudó”.
Algunos especialistas en duelo recomiendan que quienes pasan por ese proceso dediquen tiempo a ayudar a otros; por ejemplo, participando en algún servicio comunitario. Hacer eso los puede animar y aliviarles el dolor (Hechos 20:35). Muchos cristianos que estaban de duelo reconocen que hacer cosas por los demás les ha devuelto la alegría (2 Corintios 1:3, 4).

EL CONSUELO DE LA BIBLIA


Cómo dar consuelo

¿Se ha sentido alguna vez impotente, sin saber cómo ayudar a alguien que ha perdido a un ser querido? Quizás no sepa qué decir o qué hacer, así que al final ni dice ni hace nada. Pero hay cosas que sí puede hacer para ayudar.
A veces, es suficiente con estar presente y decir “lo lamento”. En muchas culturas dar un abrazo o un apretón de manos es un modo de expresar interés. Si quien está de duelo quiere hablar, escúchelo con atención. O mejor aún, haga algo por la familia, algo que quizás ellos no puedan hacer, como cocinar o cuidar de los niños, o ayude con los preparativos del funeral si a ellos les parece bien. Esas acciones dicen más que muchas palabras.
Con el tiempo, puede que sienta el deseo de hablar del difunto, quizás recordando alguna de sus cualidades o contando una bonita anécdota. El efecto de esas charlas puede ser muy bueno, tal vez hasta logre sacarle una sonrisa a quien está de duelo. Eso es lo que le ocurre a Pam, quien perdió a su esposo, Ian, hace seis años. Ella comenta: “La gente me cuenta cosas buenas que hizo Ian, cosas que yo ni sabía, y eso me hace sentir muy bien”.
 Algunos especialistas dicen que los dolientes reciben mucha ayuda al principio, pero después de un tiempo, cuando sus amigos vuelven a la rutina, se olvidan de que siguen teniendo necesidades. Por lo tanto, mantenga la comunicación con quienes están pasando por ese trance. * Muchos que están de duelo agradecen poder hablar de sus sentimientos cuando ya ha pasado algún tiempo.
Fíjese en el caso de Kaori, una joven japonesa que quedó desolada cuando perdió a su madre y quince meses después, a su hermana mayor. Felizmente, recibió la ayuda constante de buenos amigos. Ritsuko, una amiga bastante mayor que ella, se ofreció para cuidarla como a una hija. “Francamente —comenta Kaori—, no me gustó la idea. Madre solo hay una, y yo no quería que nadie ocupara el lugar de la mía. Pero por su manera de tratarme, me encariñé mucho con Ritsuko, quien se convirtió en alguien muy importante para mí. Todas las semanas predicábamos juntas y también íbamos juntas a las reuniones cristianas. Me invitaba a tomar el té, me traía comida y me escribía tarjetas y cartas. El optimismo de ‘mamá’ Ritsuko me ayudó mucho”.
Ya han pasado doce años desde que murió la madre de Kaori. En la actualidad, ella y su esposo dedican gran parte de su tiempo a hablar de la Biblia a sus vecinos. “‘Mamá’ Ritsuko sigue pendiente de mí —comenta—. Cuando regreso a casa, voy a visitarla y disfruto mucho de su agradable compañía”.
Poli, una testigo de Jehová de Chipre, también se ha beneficiado de la ayuda de los demás. Su esposo, llamado Sozos, era un hombre cariñoso y un pastor cristiano ejemplar. Solía invitar a su casa a los huérfanos y a las viudas de la congregación para comer y pasar un rato agradable juntos (Santiago 1:27). Lamentablemente, murió a los 53 años de un tumor cerebral. Poli reconoce: “He perdido a mi fiel compañero, con quien pasé treinta y tres años de mi vida”.
Una pareja lleva comida a un viudo y a su hijo
Busque maneras de ayudar a quienes están de duelo.
Después del funeral, Poli se fue a vivir a Canadá con su hijo menor, Daniel, de 15 años. Allí empezaron a reunirse con los testigos de Jehová de la localidad. “Aunque los hermanos de la congregación no conocían las dificultades por las que habíamos pasado, nos arroparon con sus palabras amables y nos ofrecieron ayuda. ¡Qué oportuno fue aquello para mi hijo, que tanto necesitaba a su padre! Los que estaban a cargo de la congregación se interesaron mucho por Daniel. Uno de ellos siempre lo invitaba para que disfrutara de un buen rato en compañía de buenos amigos o para ir a jugar a la pelota”. En la actualidad, Poli y Daniel están bien y son felices.
Sin lugar a dudas, hay muchas maneras de ayudar y animar a quienes han perdido a seres queridos. Vea a continuación cómo la Biblia también nos consuela al hablarnos de una maravillosa y emocionante esperanza para el futuro.





martes, 19 de abril de 2016

El cielo

¿Qué es el cielo?

LO QUE DICE LA GENTE.

Hay diferentes creencias sobre el cielo y su propósito. Veamos algunos ejemplos.
  • Muchas personas que se consideran cristianas estarían de acuerdo con la definición que da del cielo la Enciclopedia de la Religión Católica. Según esta obra, es “la recompensa dada a los justos [...,] una estancia reservada a los bienaventurados”.
  • Según el rabino Bentzion Kravitz, el judaísmo se centra más en el presente que en la vida después de la muerte. Pero explica que “en el cielo, el alma disfruta del mayor placer posible: estar más cerca de Dios que nunca antes”. Ahora bien, reconoce que “aunque los judíos creen en el cielo, la Torá habla muy poco sobre este tema”.
  • Los hindúes y los budistas creen que el cielo tiene muchos niveles espirituales. Consideran que es un lugar de transición en el que el alma espera hasta que vuelve a nacer en la Tierra o se va al nirvana, un lugar superior al cielo.
  • Algunas personas piensan que darle un carácter religioso al cielo es absurdo e infantil.
Pintura de una escena del cielo con dos ángeles de pie junto a una puerta
El cielo es un tema del que se especula mucho.

LO QUE ENSEÑA LA BIBLIA.

En las Escrituras, la palabra cielo tiene más de un significado. Veamos algunos ejemplos.
  • Génesis 1:20 dice: “Que las aves vuelen sobre la tierra y crucen el cielo azul” (Traducción en lenguaje actual). En este versículo se refiere a la atmósfera terrestre, el cielo que vemos.
  • Isaías 13:10 habla de las “estrellas de los cielos y sus constelaciones”, refiriéndose en este caso al espacio o universo.
  • La Biblia también dice que la morada de Dios son “los cielos” y que hay “ángeles en el cielo” (1 Reyes 8:30; Mateo 18:10). Fíjese que en estos versículos, las palabras “cielos” y “cielo” no son una metáfora, sino un lugar real en el que habitan Dios y sus ángeles. *
“Mira desde el cielo y ve desde tu excelsa morada de santidad y hermosura” (Isaías 63:15).

 ¿Van todos los buenos al cielo?

La Palabra de Dios no enseña que la Tierra sea un hogar temporal hasta que nos llegue el momento de morir y vayamos al cielo. Más bien, enseña que Dios nunca quiso que muriéramos. Piense en lo siguiente:
  • Dios le dijo a la primera pareja humana: “Sean fructíferos y háganse muchos y llenen la tierra” (Génesis 1:28). La Tierra iba a ser el hogar eterno del hombre, en donde viviría para siempre. Adán y Eva solo morirían si desobedecían a Dios. Lamentablemente, eso fue lo que hicieron (Génesis 2:17; 3:6).
  • La primera pareja murió por su desobediencia, pero no solo ellos, también su descendencia (Romanos 5:12). ¿Habría alguna esperanza para la humanidad?
  • La Biblia dice que “hay nuevos cielos y una nueva tierra que esperamos según su promesa” (2 Pedro 3:13). * Mediante suReino, Dios cumplirá el propósito que tiene para la Tierra, y “la muerte no será más” (Revelación [Apocalipsis] 21:3, 4). Podemos estar seguros de que lo prometido en este pasaje se cumplirá en la Tierra, porque en el cielo nunca ha habido muerte. La Tierra fue creada para que viviéramos en ella y es donde deseamos vivir con nuestros seres queridos (Juan 5:28, 29).
A muchas personas les ha gustado aprender lo que la Palabra de Dios dice sobre el cielo. Por ejemplo, George, que era católico, dice: “Me tranquilizó aprender lo que la Biblia enseña sobre vivir para siempre en la Tierra. Me pareció más razonable que la idea de ir al cielo”. *
“En cuanto a los cielos, a Jehová pertenecen los cielos, pero la tierra la ha dado a los hijos de los hombres” (Salmo 115:16)


Informacion tomada de: https://www.jw.org/es/publicaciones/revistas/despertad-2016-numero1-febrero/que-dice-la-biblia-sobre-el-cielo/

lunes, 18 de abril de 2016

¿Murió Jesús en una cruz?

La respuesta que da la Biblia

Para muchos, la cruz es el símbolo del cristianismo. Sin embargo, en la Biblia no se describe el instrumento de ejecución que se usó en el caso de Jesús. Así que nadie sabe a ciencia cierta cómo era. De todas formas, la Biblia nos deja ver que Jesús no murió en una cruz, sino en un madero, o palo vertical.
Al referirse a dicho instrumento, la Biblia suele usar el término griegostaurós (Mateo 27:40; Juan 19:17). Pese a que muchas traducciones vierten esta palabra como “cruz”, numerosos eruditos opinan que “denota, primariamente, un palo o estaca derecha”. * De acuerdo con cierta obra de consulta, staurós “nunca se refiere a dos piezas de madera unidas en algún ángulo” (A Critical Lexicon and Concordance to the English and Greek New Testament).
La Biblia también utiliza el término griego xýlon como sinónimo destaurós (Hechos 5:30; 1 Pedro 2:24). Esta palabra significa “madera”, “leño”, “estaca”, “palo” o “árbol”. * En una nota incorporada a la obraHistoria universal de la Iglesia Católica, de René F. Rohrbacher, se explica que tanto este término como su equivalente hebreo “no significan propiamente lo que nosotros entendemos por cruz, sino un simple madero”.

¿Aprueba Dios el uso de la cruz?

Crux simplex es el nombre latino del madero o palo al que se fijaban los delincuentes
Sin importar cuál haya sido la forma del instrumento de ejecución de Jesús, la Biblia nos da razones para concluir que los cristianosno deberíamos usar la cruz para adorar a Dios. Veamos tres.
  1. Dios detesta que se le adore mediante imágenes o símbolos, como la cruz.A los israelitas, Dios les ordenó que no usaran “símbolo alguno” en su adoración. Por su parte, los cristianos recibieron el siguiente mandato: “Huyan de la idolatría” (Deuteronomio 4:15-19;1 Corintios 10:14).
  2. Los primeros cristianos no usaron la cruz. * Todos los cristianos debemos imitar el ejemplo de los apóstoles y seguir sus enseñanzas (2 Tesalonicenses 2:15).
  3. La cruz era un símbolo de la religión pagana. * Cientos de años después de la muerte de Jesús, cuando las congregaciones se habían apartado de sus enseñanzas, a los nuevos miembros “se les permitió mantener en gran parte sus signos y símbolos”, incluida la cruz (Diccionario expositivo de palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento exhaustivo,entrada “Crucificar, cruz”). Con todo, la Biblia nunca ha apoyado la práctica de adoptar símbolos paganos para hacer nuevos discípulos (2 Corintios 6:17).

viernes, 15 de abril de 2016

La Resurreccion de Jesus

¿Ocurrió de verdad?

En el año 33, Jesús de Nazaret fue ejecutado. Había sido acusado falsamente de sedición, golpeado sin piedad y clavado en un madero, donde sufrió una muerte horrible. Sin embargo, Dios le devolvió la vida y, cuarenta días después, Jesús ascendió al cielo.
Este impresionante relato nos ha llegado a través de los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento, o Escrituras Griegas Cristianas. Pero ¿de verdad ocurrió todo aquello? Esta es una pregunta muy importante que requiere respuesta, porque si solo se trata de un cuento, la fe cristiana no tiene ningún sentido y la esperanza de vivir para siempre en un paraíso sería solo un sueño (1 Corintios 15:14). Ahora bien, si sucedió de verdad, entonces tenemos ante nosotros un futuro maravilloso. Por eso, ¿son los hechos que narran los Evangelios realidad o ficción?

LO QUE DICE LA HISTORIA

A diferencia de las leyendas, los Evangelios están escritos con minuciosa precisión. Por ejemplo, mencionan por nombre muchos lugares que todavía hoy se pueden visitar y a personas que los historiadores confirman que existieron (Lucas 3:1, 2, 23).
 Del propio Jesús hablan escritores seglares de los siglos primero y segundo. * El modo en que fue ejecutado, tal y como se describe en los Evangelios, coincide con los métodos de ejecución romanos de esa época. Además, todos los sucesos se relatan con objetividad y franqueza, hasta revelan aspectos negativos de algunos de sus discípulos (Mateo 26:56; Lucas 22:24-26; Juan 18:10, 11). Todo esto muestra que los evangelistas dijeron la verdad y dieron datos exactos sobre Jesús.

¿RESUCITÓ JESÚS?

Aunque en general se acepta que Jesús fue una persona real, hay quienes dudan que haya resucitado. Hasta sus propios apóstoles no lo creyeron al principio (Lucas 24:11). Pero sus dudas desaparecieron cuando ellos y otros discípulos vieron en diferentes ocasiones a Jesús tras su resurrección. De hecho, en una de ellas lo vieron más de quinientas personas a la vez (1 Corintios 15:6).
Con mucho valor, y a riesgo de perder su libertad y su vida, los discípulos anunciaron a todo el mundo que Jesús había resucitado, hasta a sus propios asesinos (Hechos 4:1-3, 10, 19, 20; 5:27-32). ¿Se habrían arriesgado tanto si no hubieran estado completamente seguros de que Jesús había resucitado? No. Lo que es más, el convencimiento de que la resurrección de Jesús ocurrió de verdad es lo que ha hecho que el cristianismo haya tenido y siga teniendo tanto impacto en la humanidad.
Los relatos de la muerte y resurrección de Jesús que figuran en los Evangelios tienen todos los elementos de un registro histórico confiable. Si estudia estos relatos, se convencerá de que los hechos que narran de veras ocurrieron. Pero lo que más lo ayudará a convencerse es entender por qué ocurrieron. El siguiente artículo lo explicará.

¿Por qué no hay más respaldo de fuentes históricas?

Puesto que Jesús tuvo tanta influencia en la humanidad, ¿debería haber más pruebas de esa época —aparte de la Biblia— que confirmen su existencia y resurrección? No necesariamente. Por un lado, se trata de sucesos de hace casi dos mil años y muy pocos escritos contemporáneos, como los Evangelios, han sobrevivido hasta nuestros días (1 Pedro 1:24, 25). Por otro, es poco probable que los enemigos de Jesús escribieran algo que hiciera que más gente creyera lo que se decía de él.
Con respecto a la resurrección de Jesús, el apóstol Pedro explicó: “Dios levantó a [este] al tercer día y le concedió manifestarse, no a todo el pueblo, sino a testigos nombrados de antemano por Dios, a nosotros, que comimos y bebimos con él después que se levantó de entre los muertos” (Hechos 10:40, 41). ¿Por qué no llegó a saber todo el pueblo que Jesús había resucitado? Según el Evangelio de Mateo, cuando sus enemigos religiosos se enteraron de su resurrección, no quisieron que la noticia se supiera (Mateo 28:11-15).
Y Jesús, ¿quería que su resurrección fuera un secreto? No. Pedro dijo: “Nos ordenó que predicáramos al pueblo y que diéramos testimonio cabal de que este es Aquel de quien Dios ha decretado que sea juez de vivos y de muertos” (Hechos 10:42). Y eso es precisamente lo que los verdaderos cristianos han estado haciendo hasta el día de hoy.






jueves, 14 de abril de 2016

¿Por qué sufrió y murió Jesús?

¿Por qué sufrió y murió Jesús?

“Por medio de un solo hombre [Adán] el pecado entró en el mundo, y la muerte mediante el pecado” (Romanos 5:12).
¿Le gustaría vivir para siempre? Ante esta pregunta, muchas personas responderían que sí, pero que no creen que sea posible. Dirían que la muerte es el punto final del ciclo de la vida.
Pero ¿y si le diéramos la vuelta a la pregunta? Es decir, ¿estaría dispuesto a morir ahora mismo? En circunstancias normales, nadie diría que sí. Y es que, aunque tengamos muchos problemas, todos nos aferramos a la vida. La Biblia dice que Dios creó a los seres humanos con el deseo de vivir. “Ha puesto la eternidad en sus corazones” (Eclesiastés 3:11,La Biblia de las Américas).
La realidad, sin embargo, es que no vivimos para siempre. Entonces, ¿qué fue lo que falló? ¿Ha hecho Dios algo para remediar la situación? Las respuestas que da la Biblia son muy reconfortantes y tienen mucho que ver con la razón por la que Jesús tuvo que sufrir y morir.

¿QUÉ FUE LO QUE FALLÓ?

Los primeros tres capítulos del libro bíblico de Génesis relatan que Dios les ofreció a la primera pareja humana, Adán y Eva, la posibilidad de vivir eternamente y les dijo lo que debían hacer para lograrlo. También muestran que ellos le desobedecieron y perdieron esa oportunidad. Todo se explica de manera sencilla, tan sencilla que algunos piensan que se trata de un cuento. Pero al igual que los Evangelios, el libro de Génesis tiene todos los elementos de un registro histórico confiable. *
¿Qué consecuencias ha tenido la desobediencia de Adán? La Biblia responde: “Por medio de un solo hombre [Adán] el pecado entró en el mundo, y la muerte mediante el pecado, y así la muerte se extendió a todos los hombres porque todos habían pecado” (Romanos 5:12). Adán pecó al desobedecer. Entonces perdió la oportunidad de vivir para siempre, y con el tiempo, envejeció y murió. Como somos sus descendientes, hemos heredado la tendencia a pecar. Por eso, nos enfermamos, envejecemos y morimos. Esta explicación concuerda con lo que hoy se sabe sobre la herencia genética. Veamos ahora qué hizo Dios para remediar nuestra situación.

 ¿QUÉ HIZO DIOS?

Jehová Dios tomó medidas para recuperar lo que Adán perdió y volver a darles a sus descendientes la posibilidad de vivir para siempre. ¿Cómo lo hizo?
La Biblia dice: “El salario que el pecado paga es muerte” (Romanos 6:23). Es decir, la muerte es el resultado del pecado. Así que Adán murió porque pecó. A nosotros nos pasa lo mismo: pecamos y por eso morimos. Sin embargo, dado que no somos culpables de haber nacido pecadores, Dios tuvo misericordia de nosotros y envió a su Hijo, Jesucristo, para que “pagara” nuestra deuda. ¿Cómo pagó él esa deuda?

Al desobedecer Adán —un hombre perfecto—, toda la humanidad heredó el pecado y la muerte; por lo tanto, era necesario otro hombre —también perfecto— que fuera obediente hasta el punto de la muerte para librarnos de nuestra deuda. La Biblia lo explica de este modo: “Así como mediante la desobediencia del solo hombre muchos fueron constituidos pecadores, así mismo, también, mediante la obediencia de la sola persona muchos serán constituidos justos” (Romanos 5:19). Y esa “sola persona” fue Jesús, quien abandonó los cielos, fue un hombre perfecto * y murió por nosotros. Eso permite que Dios nos considere justos y recuperemos la posibilidad de vivir para siempre.

POR QUÉ SUFRIÓ Y MURIÓ JESÚS

Pero ¿por qué era necesario que Jesús muriera para conseguir todo esto? ¿No podría Dios haber emitido un decreto que hubiera permitido a los descendientes de Adán vivir para siempre? Aunque no hay duda de que él tenía la autoridad para hacerlo, habría pasado por alto su propia ley de que el pecado se paga con la muerte. Y es que no se trata de una norma insignificante que se pueda descartar o cambiar cuando convenga. Se trata de una ley imprescindible para que se haga justicia (Salmo 37:28).
Si Dios hubiera pasado por alto la justicia en  aquella ocasión, quedaría siempre la duda de si volvería a hacerlo. Por ejemplo, ¿sería justo al determinar quiénes de los descendientes de Adán podrían vivir para siempre? ¿Cumpliría todas sus promesas? Como Dios respetó su propia ley para nuestra salvación, ahora tenemos la garantía de que siempre hará lo que es justo.
El que su Hijo sacrificara su vida permitió que Dios volviera a dar a los seres humanos la oportunidad de vivir para siempre en un paraíso terrestre. Jesucristo mismo dijo: “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16). La muerte de Jesús confirma, no solo la justicia de Dios, sino también el gran amor que nos tiene.
Pero todavía queda en pie la pregunta: ¿por qué tuvo que sufrir y morir de esa forma tan horrible? Al estar dispuesto a probar su obediencia hasta ese extremo, desmintió de una vez por todas la afirmación del Diablo de que los seres humanos no serían leales a Dios ante las pruebas (Job 2:4, 5). Después de que el Diablo consiguió que el primer hombre perfecto desobedeciera, pareció que tenía razón. En cambio, Jesús, que también era perfecto, fue obediente aun en las peores circunstancias (1 Corintios 15:45). Así demostró que si Adán hubiera querido, también habría podido obedecer a Dios. Además, nos puso el ejemplo para que hagamos lo mismo (1 Pedro 2:21). Dios recompensó la obediencia total de su Hijo dándole vida inmortal en el cielo.

CÓMO LE BENEFICIA A USTED

La muerte de Jesús ocurrió de verdad y abrió el camino a la vida eterna. Así que le repetimos la pregunta: ¿Le gustaría vivir para siempre? Jesús dejó dicho qué debemos hacer para lograrlo: “Esto significa vida eterna, el que estén adquiriendo conocimiento de ti, el único Dios verdadero, y de aquel a quien tú enviaste, Jesucristo” (Juan 17:3).


Informacion tomada de :

LA ATALAYA 2016, NÚMERO 2